En 2026 se celebrará una nueva edición de la Copa del Mundo de fútbol. Millones de personas en todo el mundo invertirán tiempo, recursos, emociones y dedicación en un evento que es uno de los más grandes del planeta. El capitalismo trata competencias como la Copa solo como un producto. Pero para las personas, es mucho más que eso. Por eso es importante que las izquierdas debatan seriamente el lugar del deporte en la lucha contra el neoliberalismo. 

En un contexto de fragmentación social, avance de discursos individualistas y debilitamiento de los lazos comunitarios, el deporte aparece también como una herramienta privilegiada para reconstruir tejido social desde una perspectiva solidaria y colectiva. Allí donde el neoliberalismo promueve la competencia extrema y la mercantilización de la vida, las prácticas deportivas pueden habilitar experiencias de cooperación, pertenencia y organización popular. Pensar el deporte desde esta clave implica reconocer su potencia como espacio de democratización, inclusión y producción de comunidad.

Es una dimensión de la vida social compartida entre millones de personas y debe ser un terreno de disputa de valores y visiones de mundo. Un seminario como este, pocos días antes del inicio de la Copa del Mundo, puede arrojar luz sobre el lugar del deporte en la construcción de los afectos, de las identidades políticas y —claro— en la construcción de un mundo posneoliberal.

Al mismo tiempo, disputar el sentido del deporte es también disputar el futuro. No se trata únicamente de ampliar el acceso o mejorar infraestructuras, sino de construir una mirada integral que lo vincule con la ampliación de derechos, las agendas de juventudes, los feminismos y las nuevas formas de participación política. En esa dirección, el desafío es consolidar políticas públicas que no solo garanticen el derecho al deporte, sino que lo integren como dimensión central de un proyecto de sociedad más justa, igualitaria y profundamente democrática.



En 2026 se celebrará una nueva edición de la Copa del Mundo de fútbol. Millones de personas en todo el mundo invertirán tiempo, recursos, emociones y dedicación en un evento que es uno de los más grandes del planeta. El capitalismo trata competencias como la Copa solo como un producto. Pero para las personas, es mucho más que eso. Por eso es importante que las izquierdas debatan seriamente el lugar del deporte en la lucha contra el neoliberalismo.

En un contexto de fragmentación social, avance de discursos individualistas y debilitamiento de los lazos comunitarios, el deporte aparece también como una herramienta privilegiada para reconstruir tejido social desde una perspectiva solidaria y colectiva. Allí donde el neoliberalismo promueve la competencia extrema y la mercantilización de la vida, las prácticas deportivas pueden habilitar experiencias de cooperación, pertenencia y organización popular. Pensar el deporte desde esta clave implica reconocer su potencia como espacio de democratización, inclusión y producción de comunidad.

Es una dimensión de la vida social compartida entre millones de personas y debe ser un terreno de disputa de valores y visiones de mundo. Un seminario como este, pocos días antes del inicio de la Copa del Mundo, puede arrojar luz sobre el lugar del deporte en la construcción de los afectos, de las identidades políticas y —claro— en la construcción de un mundo posneoliberal.

Al mismo tiempo, disputar el sentido del deporte es también disputar el futuro. No se trata únicamente de ampliar el acceso o mejorar infraestructuras, sino de construir una mirada integral que lo vincule con la ampliación de derechos, las agendas de juventudes, los feminismos y las nuevas formas de participación política. En esa dirección, el desafío es consolidar políticas públicas que no solo garanticen el derecho al deporte, sino que lo integren como dimensión central de un proyecto de sociedad más justa, igualitaria y profundamente democrática.



Loading...
Loading...