El IV Encuentro – Hay otra esperanza reafirmó la vocación de la Red Futuro de constituirse como un espacio de articulación política, producción colectiva y construcción de horizontes compartidos frente a la crisis que atraviesan nuestras sociedades.

A partir de instancias plenarias y comisiones de trabajo, se abordaron los principales desafíos del presente —trabajo, producción, democracia, derechos y organización territorial— con el objetivo de avanzar en una agenda común y en la elaboración de propuestas orientadas a la transformación.

En un contexto de fragmentación y retroceso, el encuentro puso en el centro la necesidad de construir una alternativa política amplia, con arraigo territorial, perspectiva regional y capacidad de proyectarse como mayoría.

Al mismo tiempo, se reafirmó que la construcción de esa alternativa solo es posible en diálogo con las luchas sociales en curso, donde se configuran las experiencias y los sujetos de un nuevo ciclo político.

En continuidad con el camino recorrido, la Red Futuro consolida así un espacio de encuentro, pensamiento y acción, orientado a producir una nueva síntesis política que permita abrir, desde América Latina, un horizonte de futuro: hay otra esperanza.

El IV Encuentro – Hay otra esperanza reafirmó la vocación de la Red Futuro de constituirse como un espacio de articulación política, producción colectiva y construcción de horizontes compartidos frente a la crisis que atraviesan nuestras sociedades.

A partir de instancias plenarias y comisiones de trabajo, se abordaron los principales desafíos del presente —trabajo, producción, democracia, derechos y organización territorial— con el objetivo de avanzar en una agenda común y en la elaboración de propuestas orientadas a la transformación.

En un contexto de fragmentación y retroceso, el encuentro puso en el centro la necesidad de construir una alternativa política amplia, con arraigo territorial, perspectiva regional y capacidad de proyectarse como mayoría.

Al mismo tiempo, se reafirmó que la construcción de esa alternativa solo es posible en diálogo con las luchas sociales en curso, donde se configuran las experiencias y los sujetos de un nuevo ciclo político.

En continuidad con el camino recorrido, la Red Futuro consolida así un espacio de encuentro, pensamiento y acción, orientado a producir una nueva síntesis política que permita abrir, desde América Latina, un horizonte de futuro: hay otra esperanza.

Declaración final – HABRÁ OTRA ESPERANZA SI HAY AUDACIA

El avance de las extremas derechas en el mundo no es un fenómeno espontáneo, sino la consecuencia de la crisis del capitalismo y el sobregiro ecológico que llevan a las élites globales a recurrir al desmantelamiento de los estados, de la institucionalidad internacional y a la guerra para asegurarse el control de los recursos naturales cada vez más escasos. Esta ofensiva, basada en la liberalización extrema, el desprecio por los derechos sociales y la promoción de un «Estado pequeño» que abandona a las mayorías, ha convertido al planeta en un lugar más peligroso y que agoniza.

El militarismo rampante — desde el genocídio a Gaza hasta la invasión rusa de Ucrania; desde los ataques a Irán hasta los bombardeos en Venezuela y las amenazas de intervención en Cuba — y el descontrol de los flujos financieros que benefician a las grandes corporaciones no son signos de fortaleza, sino el resultado de priorizar el mercado sobre la vida. El negacionismo climático de estos sectores no es solo una postura ideológica; es una estrategia para capturar recursos y territorios, profundizando una crisis que ya produce muertes, hambre y desplazamientos masivos en nuestro Sur Global.

América Latina siente esta restauración conservadora que busca sacrificar nuestras riquezas en el altar del imperialismo. Una restauración que también adopta la forma de acoso contra partidos y movimientos sociales, como ocurre en Ecuador con el intento de proscribir a un partido entero e impedir que participe en las elecciones regionales de este año. O también, en la forma de la intensificación del criminal bloqueo económico y energético a Cuba.

Sin embargo, frente a esta pulsión que lleva la extrema derecha, hoy se levantan trincheras de esperanza que demuestran que el Estado es una herramienta indispensable de los pueblos. Reivindicamos el trabajo valiente del gobierno de Gustavo Petro en Colombia, que ha puesto la distribución de la riqueza, el acceso a derechos y la transición energética justa en el centro de la agenda global; la conducción de Lula en Brasil, que ha devuelto el protagonismo regional con la defensa de la paz y la protección de la Amazonía; y el impulso de Gabriel Boric en Chile, que avanzó con audacia en la construcción de sistemas de cuidados y nuevas redes de protección social.

A estas banderas sumamos el liderazgo de Claudia Sheinbaum en México, quien profundiza el camino de la soberanía científica y los derechos de las mujeres, y la esperanza que representa Yamandú Orsi en Uruguay, cuya proyección desde el territorio nos convoca a recuperar un proyecto de cercanía, diálogo y justicia social em nuestra región.

Desde la Red Futuro, asumimos el desafío de seguir proyectando liderazgos como estos capaces de construir nuevas mayorías sociales. Frente al desamparo que genera el retiro del Estado, defendemos Estados fuertes, eficientes y solidarios, capaces de enfrentar al crimen organizado mediante la desarticulación de sus finanzas y la recuperación social del territorio con salud y educación de calidad.

Nuestra apuesta es una nueva imaginación política que garantice derechos como pilares de dignidad y que dispute la soberanía tecnológica, para que la revolución digital y la Inteligencia Artificial estén al servicio de la democracia y no de la concentración de riqueza.

La Red Futuro, sin renunciar a su papel — fortalecer una nueva agenda, nuevas prácticas, nuevos rostros en la política y nuevos discursos para la izquierda en América del Sur — seguirá trabajando para fortalecer el diálogo y la unidad con otros espacios de resistencia y articulación política para derrotar a la extrema derecha y garantizar avances. Somos una región de paz. Pero también somos una región de lucha y resistencia. En cada rincón de nuestros países, todos los días, hombres y mujeres resisten a la pobreza, a la desigualdad y a la violencia de las clases dominantes. Si somos capaces de resistir, somos capaces de vencer.

Pero para vencer, además de unidad política, también necesitamos audacia. Enfrentar la desigualdad con políticas que reestructuren nuestros sistemas tributarios; enfrentar la crisis climática con la transformación de nuestras estructuras productivas y una inversión pública masiva en adaptación; enfrentar los cambios en el mundo del trabajo con más derechos y menos precarización; enfrentar la misoginia, el racismo, el odio y la intolerancia con sociedades más democráticas; enfrentar la persecución a nuestros partidos y liderazgos con solidaridad internacional activa; enfrentar la amenaza imperialista, la violencia y el crimen organizado con Estados independientes y fuertes.

Reunidos en Uruguay, bajo el legado de Seregni, Sendic y el Pepe Mujica, la Red Futuro renueva su compromiso de preparar a una generación capaz de responder a los dolores de su tiempo. Y para vencer, necesitamos la audacia de proponer transformaciones estructurales que devuelvan la esperanza a nuestros pueblos. El futuro no está escrito; lo estamos escribiendo hoy, con unidad, con memoria y con la utopía intacta de que otro mundo es posible.

29 de marzo de 2026 – Montevideo, Uruguay

Declaración final – HABRÁ OTRA ESPERANZA SI HAY AUDACIA

El avance de las extremas derechas en el mundo no es un fenómeno espontáneo, sino la consecuencia de la crisis del capitalismo y el sobregiro ecológico que llevan a las élites globales a recurrir al desmantelamiento de los estados, de la institucionalidad internacional y a la guerra para asegurarse el control de los recursos naturales cada vez más escasos. Esta ofensiva, basada en la liberalización extrema, el desprecio por los derechos sociales y la promoción de un «Estado pequeño» que abandona a las mayorías, ha convertido al planeta en un lugar más peligroso y que agoniza.

El militarismo rampante — desde el genocídio a Gaza hasta la invasión rusa de Ucrania; desde los ataques a Irán hasta los bombardeos en Venezuela y las amenazas de intervención en Cuba — y el descontrol de los flujos financieros que benefician a las grandes corporaciones no son signos de fortaleza, sino el resultado de priorizar el mercado sobre la vida. El negacionismo climático de estos sectores no es solo una postura ideológica; es una estrategia para capturar recursos y territorios, profundizando una crisis que ya produce muertes, hambre y desplazamientos masivos en nuestro Sur Global.

América Latina siente esta restauración conservadora que busca sacrificar nuestras riquezas en el altar del imperialismo. Una restauración que también adopta la forma de acoso contra partidos y movimientos sociales, como ocurre en Ecuador con el intento de proscribir a un partido entero e impedir que participe en las elecciones regionales de este año. O también, en la forma de la intensificación del criminal bloqueo económico y energético a Cuba.

Sin embargo, frente a esta pulsión que lleva la extrema derecha, hoy se levantan trincheras de esperanza que demuestran que el Estado es una herramienta indispensable de los pueblos. Reivindicamos el trabajo valiente del gobierno de Gustavo Petro en Colombia, que ha puesto la distribución de la riqueza, el acceso a derechos y la transición energética justa en el centro de la agenda global; la conducción de Lula en Brasil, que ha devuelto el protagonismo regional con la defensa de la paz y la protección de la Amazonía; y el impulso de Gabriel Boric en Chile, que avanzó con audacia en la construcción de sistemas de cuidados y nuevas redes de protección social.

A estas banderas sumamos el liderazgo de Claudia Sheinbaum en México, quien profundiza el camino de la soberanía científica y los derechos de las mujeres, y la esperanza que representa Yamandú Orsi en Uruguay, cuya proyección desde el territorio nos convoca a recuperar un proyecto de cercanía, diálogo y justicia social em nuestra región.

Desde la Red Futuro, asumimos el desafío de seguir proyectando liderazgos como estos capaces de construir nuevas mayorías sociales. Frente al desamparo que genera el retiro del Estado, defendemos Estados fuertes, eficientes y solidarios, capaces de enfrentar al crimen organizado mediante la desarticulación de sus finanzas y la recuperación social del territorio con salud y educación de calidad.

Nuestra apuesta es una nueva imaginación política que garantice derechos como pilares de dignidad y que dispute la soberanía tecnológica, para que la revolución digital y la Inteligencia Artificial estén al servicio de la democracia y no de la concentración de riqueza.

La Red Futuro, sin renunciar a su papel — fortalecer una nueva agenda, nuevas prácticas, nuevos rostros en la política y nuevos discursos para la izquierda en América del Sur — seguirá trabajando para fortalecer el diálogo y la unidad con otros espacios de resistencia y articulación política para derrotar a la extrema derecha y garantizar avances. Somos una región de paz. Pero también somos una región de lucha y resistencia. En cada rincón de nuestros países, todos los días, hombres y mujeres resisten a la pobreza, a la desigualdad y a la violencia de las clases dominantes. Si somos capaces de resistir, somos capaces de vencer.

Pero para vencer, además de unidad política, también necesitamos audacia. Enfrentar la desigualdad con políticas que reestructuren nuestros sistemas tributarios; enfrentar la crisis climática con la transformación de nuestras estructuras productivas y una inversión pública masiva en adaptación; enfrentar los cambios en el mundo del trabajo con más derechos y menos precarización; enfrentar la misoginia, el racismo, el odio y la intolerancia con sociedades más democráticas; enfrentar la persecución a nuestros partidos y liderazgos con solidaridad internacional activa; enfrentar la amenaza imperialista, la violencia y el crimen organizado con Estados independientes y fuertes.

Reunidos en Uruguay, bajo el legado de Seregni, Sendic y el Pepe Mujica, la Red Futuro renueva su compromiso de preparar a una generación capaz de responder a los dolores de su tiempo. Y para vencer, necesitamos la audacia de proponer transformaciones estructurales que devuelvan la esperanza a nuestros pueblos. El futuro no está escrito; lo estamos escribiendo hoy, con unidad, con memoria y con la utopía intacta de que otro mundo es posible.

29 de marzo de 2026 – Montevideo, Uruguay

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